Me llamo Nailah, y soy una pastor belga que, a tan solo 3 meses de edad, conocí el dolor del maltrato humano. Mi antigua dueña me causó una fractura en la columna, y esos momentos de sufrimiento me dejaron marcas difíciles de olvidar. Pero un día, Liliana y Francy llegaron a mi vida y me rescataron. Me brindaron el cuidado y el amor que tanto necesitaba. Ahora, vivo en un hogar maravilloso donde tengo un hermanito perruno que me ama y me cuida. Gracias a ellos, he encontrado la felicidad y la seguridad que siempre soñé.