Mi nombre es Max y soy un perro que ha pasado por muchas dificultades antes de encontrar un lugar seguro. Me encontré solo, vagando por calles desconocidas, sin rumbo y con mucho miedo, después de haber sido cruelmente abandonado, atado a un poste de luz. No entendía por qué me habían dejado allí, pero algo dentro de mí no se rindió. Con todas mis fuerzas, logré liberarme de esa atadura y comencé a sobrevivir en un entorno que no era nada fácil. Un día, unos rescatistas me encontraron; su líder, la señora Lida, decidió darme una segunda oportunidad. Me llevaron con ellos y me dieron todo el cuidado y el amor que tanto necesitaba. Con ayuda de la señora Francy y la empresa Granadina de Vigilancia Ltda, me trasladaron al municipio de Caicedonia, Valle. Allí, conocí a mi nuevo hogar y a mi adoptante, un médico veterinario. Ahora lo acompaño en su trabajo y también en su finca, donde finalmente siento que pertenezco, rodeado de amor y cuidado.